Cada vez que tengo que rellenar formularios para pedir alguna cosa a la Administración, me pongo de una mala leche...
Ahora tocaba pedir una ayuda de libros de texto al ente autonómico.
Para empezar, hay que hacerlo por internet. (Bueno, está la opción de pedir un formulario en blanco en el colegio y rellenarlo a mano, lo cual es también bastante mal rollo).
Haciéndolo tú por internet se ahorran el tiempo de los auxiliares administrativos que tendrían que teclearlo si estuviera en papel (aunque creo que ahora lo hacen los de los colegios). Bueno, hasta ahí bien. Un ahorro para los contribuyentes, un trabajo más para la familia que espera beneficiarse de la ayuda.
En mi caso hay que rellenar un montón de campos, porque somos muchos en la familia y conviene incluir a todos, para entrar dentro de los márgenes de renta que se han establecido. Con los ingresos que tengo, igual no sería necesario incluir a todos, pero como no estoy para matemáticas esta mañana, que además me puedo equivocar y perder la beca, he incluido a todos. En total, diez personas. Multiplica esto por otros diez campos o así que hay que rellenar para cada uno. Y cada uno en una ventana, que hay que abrir, rellenar, comprobar, grabar... Es fácil cometer errores. Si te das cuenta a tiempo, tienes que andar volviendo para atrás, abrir dieciocho (es un decir) ventanas, borrar el dato malo, poner el bueno, volver a cerrar. A ver si ahora ya sí...
Si te equivocas y pones, por ejemplo, que es un progenitor cuando debería ser un hermano, te avisa, sí, pero en vez de darte la opción de corregirlo, directamente te borra toda la ficha de ese familiar y tienes que volver a empezarla de cero. "Muchas gracias", señor informático, o al hijo de su madre que se le ocurrió tan "eficaz" idea. "Gracias"... por poner palos en las ruedas. Mi tiempo también tiene un valor, ¿lo sabía?
Me piden el número del libro de familia numerosa. ¡Pero si ya lo tienen ellos! Y, de todos modos, ¿para qué? Si con todos los hijos que he puesto (8) no me pagan la beca, es que es mejor que ni la convoquen, oiga.
Y otros datos que no sirven para nada en mi caso: discapacidad. Sí, la tengo, ¿y qué? ¿A usted, señor funcionario, o señor político, qué cojo... le importa? Si con el número de hijos que tengo no me dan la beca, me río de Janeiro.
Después de rellenar todo, todo, pero que todo... hay que descargar un fichero PDF e imprimirlo. Los políticos suponen que todos tenemos impresora en casa: sí, señor político, nos sobra el dinero. Porque, ¿sabe usted?, los cartuchos de tinta parece que los hacen con oro molido. Cuestan más que la impresora. ¿Y qué decir de las impresoras? Obsolescencia programada. En cuanto pasa la garantía, deja de funcionar. Empieza a emitir errores extraños y no importa todas las soluciones que adoptes, mejor que la uses para sacarle los motores y hacer experimentos con tus hijos, porque para otra cosa no vale.
Antes imprimía en una librería cercana, pero cada fotocopia eran 10 céntimos más otra cantidad por "abrir" la memoria USB. Para cuatro fotocopias, te dejabas una pasta. Eso me indujo a repensar lo de tener una impresora en casa, especialmente desde que nos regalaron una. De hecho, la tengo operativa con cartuchos reciclados (más baratos que los nuevos) por si hace falta para una urgencia. Pero habitualmente no la uso.
Menos mal que en mi zona (aunque no cerca de mi casa)
han puesto una tienda de fotocopias donde puedes mandar los documentos
por correo electrónico o llevarlos en una memoria USB, y te los imprimen a un precio razonable. De esta forma te ahorras todos los inconvenientes que conllevan las impresoras domésticas. El problema es que llegar allí supone unos 10-12 minutos andando a buen paso (está a un kilómetro de mi casa, más o menos. Imposible coger el coche, no hay sitio para aparcar).
En fin, después del consabido paseo hasta la tienda de fotocopias, ya tengo los formularios impresos, pagados de mi bolsillo (vale, lo acepto: otro ahorro para la Administración).
Ahora hay que ir al colegio y entregarlos. Cuando voy a presentarlos en Secretaría... ¡mecachis! ¡Me he dejado los tiques de compra de los libros de texto en casa!
Porque ahora hay que guardar los tiques para pedir la ayuda. O sea, que si eres diligente y consigues los libros (o parte de ellos) de segunda mano, de eso también se aprovecha la Administración, porque por esos no te va a dar nada.
La ayuda máxima son 105 euros. No sé cómo andaré de renta el año pasado, pero con un poco de mala suerte, estaré en el intervalo de "renta per cápita" en el que sólo te dan 75 euros como máximo (ver captura de pantalla de la web del ente autonómico):
Consigo que el señor de Secretaría me recoja la documentación porque hoy es el último día del plazo, y le prometo traer los justificantes de la compra. Cuando llego a casa compruebo que, de los dos que tengo, uno no es factura y el otro es una "factura simplificada" a nombre de mi esposa. Llamada al colegio para ver si me van a valer: NO, TIENEN QUE SER FACTURAS Y ESTAR A NOMBRE DEL SOLICITANTE (en este caso, el solicitante soy yo).
Nuevo paseo, ahora hay que coger el coche debido a la distancia, hasta los puntos de compra, que son dos tiendas distintas, para pedir que los comprobantes los reconviertan en facturas "con todas las bendiciones".
Aún no los tengo "conformes", así que la historia no ha acabado.
Lo que me pone de más mala sangre de todo esto es que los mismos políticos que han ingeniado toda esta carrera de obstáculos para que, al final y con suerte, recibas una M de beca a modo de premio de consolación, no tienen ningún reparo en llevarse millones de dinero público a la primera que pueden. O lo dilapidan en gilipolleces. Nosotros les votamos, les pagamos con nuestros impuestos,... ¿y nos tratan como a delincuentes? "Cree el ladrón que todos son de su condición". Eso debe ser.
Yo tengo la conciencia tranquila ya que hace muchos años que no voto a ese partido que lleva tantos años en el poder y que no quiere depurar responsabilidades entre sus filas. ¿A que sabes de qué partido hablo? Pues ese.
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miércoles, 14 de octubre de 2015
martes, 13 de octubre de 2015
Cargador de baterías difunto antes de tiempo
Hoy quiero hablar de un cargador de baterías que compré y aunque en internet se habla de él como de una joya, yo quiero dejar patente que me ha resultado muy malo. Se trata del BENTON BX-2. (Se puede ver, junto a sus hermanos, aquí).
Lo compré en Alcampo y lo tengo desde hace años (¿tal vez cinco?) pero apenas lo he usado. Siempre ha estado en un sitio limpio y aislado de polvo, humedad, grasas, etc.
De pronto un día empezó a hacer cosas raras. Definitivamente dejó de funcionar. Se encendía alguna luz, pero no respondía a las órdenes de la única tecla que tiene (esa tecla sirve para seleccionar el modo de carga que el usuario quiere aplicar a la batería).
Lo di por imposible y ni me planteé el llevarlo a reparar. La garantía estaba más que pasada, aunque el aparato apenas lo habré usado 30 veces. Y cualquier reparación fuera de garantía costaría más que el aparato nuevo.
Lo he tenido durmiendo el sueño de los justos muchos meses.
Recientemente decidí echar un vistazo al interior. Tarea casi imposible debido a los seis tornillos con una cabeza de un modelo extraño (como un triángulo). Por aquello de seguir adelante pese a los inconvenientes, compré un destornillador apropiado (7€) y por fin abrí la tapa inferior.
Después de quitar un par de tornillos internos más que sujetaban la placa a la carcasa plástica, tuve acceso a los componentes de una manera más cómoda.
Observé la circuitería y encontré dos diodos quemados. Tan quemados que no era posible reconocer sus referencias, aunque quedaba intacta alguna letra (R1... DC).
Entre esos dos diodos quemados había otro diodo intacto (HER106 DC).
A falta del esquema que me pudiera servir para reponer los diodos quemados, eché mano de un par de ellos que tenía por ahí y reemplacé los quemados. Los que puse eran de 2A frente a los quemados, que parecían de 1A.
Resultado: sigue sin funcionar. Es muy probable que haya otros componentes quemados internamente (incluso ICs). Puede que los diodos que puse no estuvieran en buenas condiciones (no lo comprobé).
Seguramente le eche otro vistazo cualquier día que tenga un rato, a ver si descubro alguna cosa más.
En cualquier caso, no recomiendo este cargador a cualquiera que esté pensando comprarlo.
No me corría prisa repararlo porque tengo otro cargador modelo TRONIC T4X, comprado en Lidl, que compré antes que el averiado, y que me va muy bien, aunque es más simple. De este tengo que hablar bien, de momento. Llevo usándolo muchos años y con bastantes cargas de baterías y, de momento, bien.
Lo compré en Alcampo y lo tengo desde hace años (¿tal vez cinco?) pero apenas lo he usado. Siempre ha estado en un sitio limpio y aislado de polvo, humedad, grasas, etc.
De pronto un día empezó a hacer cosas raras. Definitivamente dejó de funcionar. Se encendía alguna luz, pero no respondía a las órdenes de la única tecla que tiene (esa tecla sirve para seleccionar el modo de carga que el usuario quiere aplicar a la batería).
Lo di por imposible y ni me planteé el llevarlo a reparar. La garantía estaba más que pasada, aunque el aparato apenas lo habré usado 30 veces. Y cualquier reparación fuera de garantía costaría más que el aparato nuevo.
Lo he tenido durmiendo el sueño de los justos muchos meses.
Recientemente decidí echar un vistazo al interior. Tarea casi imposible debido a los seis tornillos con una cabeza de un modelo extraño (como un triángulo). Por aquello de seguir adelante pese a los inconvenientes, compré un destornillador apropiado (7€) y por fin abrí la tapa inferior.
Después de quitar un par de tornillos internos más que sujetaban la placa a la carcasa plástica, tuve acceso a los componentes de una manera más cómoda.
Observé la circuitería y encontré dos diodos quemados. Tan quemados que no era posible reconocer sus referencias, aunque quedaba intacta alguna letra (R1... DC).
Entre esos dos diodos quemados había otro diodo intacto (HER106 DC).
A falta del esquema que me pudiera servir para reponer los diodos quemados, eché mano de un par de ellos que tenía por ahí y reemplacé los quemados. Los que puse eran de 2A frente a los quemados, que parecían de 1A.
Resultado: sigue sin funcionar. Es muy probable que haya otros componentes quemados internamente (incluso ICs). Puede que los diodos que puse no estuvieran en buenas condiciones (no lo comprobé).
Seguramente le eche otro vistazo cualquier día que tenga un rato, a ver si descubro alguna cosa más.
En cualquier caso, no recomiendo este cargador a cualquiera que esté pensando comprarlo.
No me corría prisa repararlo porque tengo otro cargador modelo TRONIC T4X, comprado en Lidl, que compré antes que el averiado, y que me va muy bien, aunque es más simple. De este tengo que hablar bien, de momento. Llevo usándolo muchos años y con bastantes cargas de baterías y, de momento, bien.
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electrodomésticos,
Obsolescencia Programada
miércoles, 27 de marzo de 2013
SONY programa la obsolescencia en sus móviles
Si leéis atentamente la noticia que viene a continuación, espero que lleguéis a la misma conclusión que yo: LA OBSOLESCENCIA PROGRAMADA DE MÓVILES y similares SE INTRODUCE EN EL SOFTWARE que viene con el aparatito.
¿Qué ha ocurrido? Que en alguno de esos programitas que te meten sin que te enteres alguien se ha confundido al poner la fecha que indica al aparatito cuándo debe dejar de funcionar. Puede ser algo tan simple como esto, o un error en el 'programita asesino' que ha adelantado la fecha. En cualquier caso, el efecto es el mismo.
Por eso lo han solucionado 'con una actualización' y no han dado explicaciones de qué puñetas puede ir mal en un programa para que todo el aparatito se quede 'como muerto'. Porque lo lógico, si fuera un simple error de programación, es que algunas cosas funcionen bien y otras mal y, además, DESDE EL PRIMER DÍA.
Para el que quiera verlo, blanco y en botella.
Todo lo demás..., excusas de mal pagador.
Ahora entiendo porqué ha dejado de funcionar mi cámara miniDV (Canon), varios reproductores VHS (varias marcas) y otros artículos electrónicos, casi siempre poco después del plazo de garantía.
Por cierto, mi viejo NOKIA (cinco años o por ahí) aún funciona de maravilla, todo hay que decirlo. Pero no sé si es aplicable a los que se venden hoy día.
Ahora bien, ¿qué hacer?
Sólo se me ocurre una solución: una caída espectacular de ventas de Sony, no sólo de móviles, sino de todos sus productos. Si no ven una reacción del público, especialmente de los clientes, no van a cambiar de política.
Por supuesto, otras medidas de presión también son recomendables. Al fin y al cabo, uno no compra electrónica todos los días. Por eso conviene mandar mensajes a la web de Sony, correos electrónicos hasta saturarles la cuenta, y hacerles toda la publicidad negativa posible en la red y entre nuestros amigos y conocidos. Recomiendo publicar en Ciao, y en otras páginas 'colaboracionistas', críticas negativas a sus productos, especialmente al móvil de marca Xperia Z.
Esto es válido para cualquier compañía de la que observamos, como en Sony, que incorpora la obsolescencia programada en sus productos. Muchas lo hacen, pero cuando hay una evidencia como aquí, hay que pasar a la acción (no me refiero a violencia, obviamente, sino a la presión en el mercado -bajada de ventas-, en la prensa, en internet, en nuestro círculo de influencia, etc.).
La obsolescencia programada por supuesto significa pingües beneficios para los fabricantes, pero supone un gran coste para la sociedad, que necesita renovar continuamente unos artículos que, de otro modo, podrían durar años y años (salvo accidente). Además, supone un gran coste para la Naturaleza, debido a la gran demanda de materias primas que representa esta renovación innecesaria de millones de artículos tecnológicos. 'Gracias' a ello se promueven guerras en África y otros lugares del mundo, para crear inestabilidad política y una demanda de armas que rebaje los precios de las materias primas, a costa de empobrecer a esas regiones y acabar con la vida de cientos de miles de seres humanos.
El que ahora compre algo de Sony que luego no se queje de cómo le va. Ya estaba avisado.
----------------------------------------
NOTICIA
Fuente: YAHOO
La ‘muerte súbita’ de miles de Xperia Z
Por Néstor Parrondo | Tecnología y redes – vie, 22 mar 2013
¿Te imaginas que el móvil que te acabas de comprar deja de funcionar sin ningún tipo de aviso? ¿Que se apaga y no se vuelve a encender?
Pues eso es lo que le ha pasado a miles de usuarios del Xperia Z, el flamante smartphone insignia de Sony. Sin venir a cuento, muchos de estos aparatos han dejado de funcionar, para cabreo de todos los que hayan pagado los 600 euros que cuesta.
Según explica Sony, todo se debe a un problema de software que hace que los móviles mueran de forma repentina y que solo tras resetearlos (pulsando el botón de inicio y el de subir volumen a la vez) pueden volver a funcionar. Este incidente se solucionará con una inminente actualización de software, según explica Sony en sus foros de servicio técnico.
Dentro de todo lo malo, el saber que el problema es de código y que se puede solucionar con una simple descarga supone un alivio para los poseedores del Xperia Z. Si se hubiera tratado de un problema de hardware, el daño habría sido mayúsculo.
Un problema aislado
Aunque en un primer momento se temió porque el 100% de los Xperia Z sufrieran este problema, finalmente solo se ha producido en un número limitado de unidades. La compañía japonesa no ha facilitado más datos que ayuden a identificar qué unidades son más propensas a sufrir esta ‘muerte súbita’.
Problemas en el Galaxy SIII
El Xperia Z no es el único smartphone que sufre este tipo de reveses. Hace poco, algunos usuarios del Samsung Galaxy SIII, el que se supone máximo rival del iPhone, vieron como su móvil dejaba de funcionar por completo.
El culpable también era un problema de software, en concreto, la controladora de un chip de memoria que hacía que la vida de este sistema fuera de tan solo 6 meses. Los afectados eran los que tuvieran en su teléfono el chip de memoria eMMC MoviNAND VTU00M de 16GB y firmware del 13/04/2012. Una actualización a tiempo de Samsung evitó que más personas se vieran afectadas por el problema.
¿Qué ha ocurrido? Que en alguno de esos programitas que te meten sin que te enteres alguien se ha confundido al poner la fecha que indica al aparatito cuándo debe dejar de funcionar. Puede ser algo tan simple como esto, o un error en el 'programita asesino' que ha adelantado la fecha. En cualquier caso, el efecto es el mismo.
Por eso lo han solucionado 'con una actualización' y no han dado explicaciones de qué puñetas puede ir mal en un programa para que todo el aparatito se quede 'como muerto'. Porque lo lógico, si fuera un simple error de programación, es que algunas cosas funcionen bien y otras mal y, además, DESDE EL PRIMER DÍA.
Para el que quiera verlo, blanco y en botella.
Todo lo demás..., excusas de mal pagador.
Ahora entiendo porqué ha dejado de funcionar mi cámara miniDV (Canon), varios reproductores VHS (varias marcas) y otros artículos electrónicos, casi siempre poco después del plazo de garantía.
Por cierto, mi viejo NOKIA (cinco años o por ahí) aún funciona de maravilla, todo hay que decirlo. Pero no sé si es aplicable a los que se venden hoy día.
Ahora bien, ¿qué hacer?
Sólo se me ocurre una solución: una caída espectacular de ventas de Sony, no sólo de móviles, sino de todos sus productos. Si no ven una reacción del público, especialmente de los clientes, no van a cambiar de política.
Por supuesto, otras medidas de presión también son recomendables. Al fin y al cabo, uno no compra electrónica todos los días. Por eso conviene mandar mensajes a la web de Sony, correos electrónicos hasta saturarles la cuenta, y hacerles toda la publicidad negativa posible en la red y entre nuestros amigos y conocidos. Recomiendo publicar en Ciao, y en otras páginas 'colaboracionistas', críticas negativas a sus productos, especialmente al móvil de marca Xperia Z.
Esto es válido para cualquier compañía de la que observamos, como en Sony, que incorpora la obsolescencia programada en sus productos. Muchas lo hacen, pero cuando hay una evidencia como aquí, hay que pasar a la acción (no me refiero a violencia, obviamente, sino a la presión en el mercado -bajada de ventas-, en la prensa, en internet, en nuestro círculo de influencia, etc.).
La obsolescencia programada por supuesto significa pingües beneficios para los fabricantes, pero supone un gran coste para la sociedad, que necesita renovar continuamente unos artículos que, de otro modo, podrían durar años y años (salvo accidente). Además, supone un gran coste para la Naturaleza, debido a la gran demanda de materias primas que representa esta renovación innecesaria de millones de artículos tecnológicos. 'Gracias' a ello se promueven guerras en África y otros lugares del mundo, para crear inestabilidad política y una demanda de armas que rebaje los precios de las materias primas, a costa de empobrecer a esas regiones y acabar con la vida de cientos de miles de seres humanos.
Nota al margen: una vez me quejé en una tienda de electrónica por la variedad de fuentes de alimentación de corriente contínua (cc) que existían y que, aunque tengas unas cuantas diferentes en casa, siempre te falta la que necesitas (porque se ha roto una o porque te han regalado algún aparato nuevo). El dueño de la tienda me dijo: "Si no, ¿de qué vamos a vivir nosotros?". Le dije lo del coste social (no me metí con el medioambiental porque ya iba por la puerta) y me fui. Creo que este tipo de visiones, como la de ese vendedor, son bastante miopes. Seguro que hay muchas otras cosas -y más útiles- que podría vender si dispusiéramos del dinero que tenemos que gastarnos en artículos 'repetidos'.
El que ahora compre algo de Sony que luego no se queje de cómo le va. Ya estaba avisado.
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NOTICIA
Fuente: YAHOO
La ‘muerte súbita’ de miles de Xperia Z
Por Néstor Parrondo | Tecnología y redes – vie, 22 mar 2013
¿Te imaginas que el móvil que te acabas de comprar deja de funcionar sin ningún tipo de aviso? ¿Que se apaga y no se vuelve a encender?
Pues eso es lo que le ha pasado a miles de usuarios del Xperia Z, el flamante smartphone insignia de Sony. Sin venir a cuento, muchos de estos aparatos han dejado de funcionar, para cabreo de todos los que hayan pagado los 600 euros que cuesta.
Según explica Sony, todo se debe a un problema de software que hace que los móviles mueran de forma repentina y que solo tras resetearlos (pulsando el botón de inicio y el de subir volumen a la vez) pueden volver a funcionar. Este incidente se solucionará con una inminente actualización de software, según explica Sony en sus foros de servicio técnico.
Dentro de todo lo malo, el saber que el problema es de código y que se puede solucionar con una simple descarga supone un alivio para los poseedores del Xperia Z. Si se hubiera tratado de un problema de hardware, el daño habría sido mayúsculo.
Un problema aislado
Aunque en un primer momento se temió porque el 100% de los Xperia Z sufrieran este problema, finalmente solo se ha producido en un número limitado de unidades. La compañía japonesa no ha facilitado más datos que ayuden a identificar qué unidades son más propensas a sufrir esta ‘muerte súbita’.
Problemas en el Galaxy SIII
El Xperia Z no es el único smartphone que sufre este tipo de reveses. Hace poco, algunos usuarios del Samsung Galaxy SIII, el que se supone máximo rival del iPhone, vieron como su móvil dejaba de funcionar por completo.
El culpable también era un problema de software, en concreto, la controladora de un chip de memoria que hacía que la vida de este sistema fuera de tan solo 6 meses. Los afectados eran los que tuvieran en su teléfono el chip de memoria eMMC MoviNAND VTU00M de 16GB y firmware del 13/04/2012. Una actualización a tiempo de Samsung evitó que más personas se vieran afectadas por el problema.
lunes, 27 de junio de 2011
Cómo alargar la vida de tu batería
He creído que este artículo enriquecería esta bitácora por estar relacionado con el anterior y con nuestros bolsillos. Pero no puedo garantizar que todo lo que contiene sea cierto.
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Néstor Parrondo - viernes 24 de junio de 2011
Yahoo Finanzas
Las baterías de nuestros adorados gadgets se han convertido en nuestro peor enemigo. Suelen ser el primer componente que falla y por el que, al final, tenemos que tirar nuestro aparato al contenedor de reciclaje.
Tras dos años de intenso uso, la batería de nuestro teléfono móvil, ordenador portátil o tableta, suele tener su capacidad bastante mermada. Pero si cuidamos bien este componente desde el principio, puede que su autonomía no se resienta, y podamos disfrutar de nuestros aparatos durante más tiempo.
Funcionamiento
La mayoría de los gadgets actuales utilizan baterías de ion de litio. Este tipo ha sustituido a las que utilizaban el níquel como su principal componente (las denominadas NiCd o NiMH). Las baterías Li-Ion están compuestas de un electrodo positivo (cátodo), hecho de litio, conectado al electrodo negativo (ánodo), hecho de carbono. La batería se carga al repeler los iones (átomos cargados eléctricamente) de litio desde el cátodo hacia el ánodo de carbón. Su liberación posterior genera la corriente necesaria para alimentar los dispositivos.
Ventajas de las baterías de ion de litio
La baterías de litio son más ligeras y más pequeñas que sus antecesoras de níquel. Además, tiene una mayor capacidad, y la energía almacenada no se resiente mucho si no utilizamos el aparato con frecuencia. Tampoco sufren el denominado "efecto memoria", que asola a las de níquel, y que consiste en que si la batería no se ha descargado completamente a la hora de cargarla, se forman cristales de níquel en ella y se pierde parte de su capacidad para siempre.
Pero las baterías de litio también tienen sus problemas. Por ejemplo, este elemento químico puede ser muy inestable a altas temperaturas, e incluso puede hacer que el aparato al que le está suministrando energía explote. Aunque las baterías de litio tienen un sistema interno que las protege de sobrecalentarse, una alta temperatura de ellas puede terminar afectando de forma negativa al funcionamiento del gadget. Otra desventaja es su vida útil, que normalmente no suele prolongarse más allá de los tres años.
¿Cómo alargar su vida?
Para que una batería de litio funcione lo mejor posible y dure más tiempo, es recomendable seguir algunos consejos. Siempre es recomendable que hagamos al menos un ciclo completo de batería al mes. Es decir, que dejemos que el aparato se descargue por completo, y lo carguemos al 100 %. Las baterías tienen un ciclo de vida limitado (es decir, un número máximo recomendado de ciclos de carga). Es de esperar que conforme pase el tiempo su rendimiento y capacidad vayan bajando poco a poco. Pero si realizamos al menos un ciclo completo al mes, estaremos manteniendo "en forma a nuestra batería".
Otro aspecto recomendable es el de poder cargar a menudo nuestro aparato, para que los componentes de la batería mantengan un buen nivel de movimiento. Si no vamos a utilizar un aparato en bastante tiempo, por ejemplo cuando nos vamos de vacaciones, es recomendable dejarlo con parte de la batería descargada (Apple recomienda que sea el 50 % ) y guardarlo en un lugar fresco.
Por último, señalar que el peor enemigo de nuestras baterías y aparatos es el calor. Mucho cuidado con dejar el móvil dentro del coche y al sol este verano, porque puede que no podamos volver a hacerlo funcionar.
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Néstor Parrondo - viernes 24 de junio de 2011
Yahoo Finanzas
Las baterías de nuestros adorados gadgets se han convertido en nuestro peor enemigo. Suelen ser el primer componente que falla y por el que, al final, tenemos que tirar nuestro aparato al contenedor de reciclaje.
Tras dos años de intenso uso, la batería de nuestro teléfono móvil, ordenador portátil o tableta, suele tener su capacidad bastante mermada. Pero si cuidamos bien este componente desde el principio, puede que su autonomía no se resienta, y podamos disfrutar de nuestros aparatos durante más tiempo.
Funcionamiento
La mayoría de los gadgets actuales utilizan baterías de ion de litio. Este tipo ha sustituido a las que utilizaban el níquel como su principal componente (las denominadas NiCd o NiMH). Las baterías Li-Ion están compuestas de un electrodo positivo (cátodo), hecho de litio, conectado al electrodo negativo (ánodo), hecho de carbono. La batería se carga al repeler los iones (átomos cargados eléctricamente) de litio desde el cátodo hacia el ánodo de carbón. Su liberación posterior genera la corriente necesaria para alimentar los dispositivos.
Ventajas de las baterías de ion de litio
La baterías de litio son más ligeras y más pequeñas que sus antecesoras de níquel. Además, tiene una mayor capacidad, y la energía almacenada no se resiente mucho si no utilizamos el aparato con frecuencia. Tampoco sufren el denominado "efecto memoria", que asola a las de níquel, y que consiste en que si la batería no se ha descargado completamente a la hora de cargarla, se forman cristales de níquel en ella y se pierde parte de su capacidad para siempre.
Pero las baterías de litio también tienen sus problemas. Por ejemplo, este elemento químico puede ser muy inestable a altas temperaturas, e incluso puede hacer que el aparato al que le está suministrando energía explote. Aunque las baterías de litio tienen un sistema interno que las protege de sobrecalentarse, una alta temperatura de ellas puede terminar afectando de forma negativa al funcionamiento del gadget. Otra desventaja es su vida útil, que normalmente no suele prolongarse más allá de los tres años.
¿Cómo alargar su vida?
Para que una batería de litio funcione lo mejor posible y dure más tiempo, es recomendable seguir algunos consejos. Siempre es recomendable que hagamos al menos un ciclo completo de batería al mes. Es decir, que dejemos que el aparato se descargue por completo, y lo carguemos al 100 %. Las baterías tienen un ciclo de vida limitado (es decir, un número máximo recomendado de ciclos de carga). Es de esperar que conforme pase el tiempo su rendimiento y capacidad vayan bajando poco a poco. Pero si realizamos al menos un ciclo completo al mes, estaremos manteniendo "en forma a nuestra batería".
Otro aspecto recomendable es el de poder cargar a menudo nuestro aparato, para que los componentes de la batería mantengan un buen nivel de movimiento. Si no vamos a utilizar un aparato en bastante tiempo, por ejemplo cuando nos vamos de vacaciones, es recomendable dejarlo con parte de la batería descargada (Apple recomienda que sea el 50 % ) y guardarlo en un lugar fresco.
Por último, señalar que el peor enemigo de nuestras baterías y aparatos es el calor. Mucho cuidado con dejar el móvil dentro del coche y al sol este verano, porque puede que no podamos volver a hacerlo funcionar.
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móviles,
Obsolescencia Programada
¿Qué es la 'obsolescencia programada'?
Como sugiere el término, 'obsolescencia' nos remite a 'obsoleto', algo así como antiguo, fuera de uso. La 'obsolescencia programada' es una técnica que usan los diseñadores de productos para que estos tengan una vida más corta o mucho más corta de lo que el estado de la tecnología permitiría. Por ejemplo, se podrían construir lavadoras que durasen 20 años (es un suponer, quizás sean muchos más años), pero se diseñan para que fallen antes de los (digamos) 5 años. De esta forma, los consumidores no tienen más remedio que comprar una lavadora nueva en ese periodo. Y así, numerosas veces durante su vida.
Además de un diseño que falle pronto, se monta todo un sistema de 'asistencia técnica' que disuada al usuario de arreglar los productos: la mano de obra y las piezas de repuesto llevan a que casi cualquier reparación suponga un 50% o más del precio del artículo nuevo. Así, se le enfrenta al consumidor con una disyuntiva artificiosa: ¿será mejor reparar un 'artículo anticuado' o -por un 'poco más'- comprar uno nuevo? Y, al final, acabamos comprando otro nuevo.
Digo 'disyuntiva artificiosa' porque los propios fabricantes han tejido la tela de araña que hace cada vez estemos más atrapados en la red del consumismo, como explicaré a continuación.
Lo de 'artículo anticuado' lo he puesto entre comillas porque es lo que nos hacen pensar los fabricantes y sus terminales mediáticos. Para ello, sacan constantemente nuevos modelos asegurando que tienen prestaciones de las que carecen los anteriores ('prestaciones' que nunca usaremos ni notaremos).
Si buscamos nuestra lavadora (o lo que sea) en internet, veremos que a los pocos meses de comprada es un producto descatalogado, ya no se fabrica. Con suerte, encontraremos un modelo que hace referencia al nuestro, pero distinto porque le habrán añadido unas letras que hagan pensar al comprador que es un modelo mejorado (p.ej. una "E" de "ecológico", etc.).
'Por un poco más...' es una expresión que todos hemos dicho u oído alguna vez referida a la reposición de un producto averiado. Ese 'poco más' es -a menudo- casi el 50% del valor del nuevo (sin olvidar que las reparaciones están sobrevaloradas en el precio). Y caemos en la tentación de comprar uno nuevo.
Respecto a las reparaciones, hay que reconocer que cualquier técnico tiene derecho a que su tiempo se remunere adecuadamente con respecto al nivel de vida de la sociedad donde vive. En otras palabras, que dedicarse a reparar, digamos, electrodomésticos no sea un trabajo para morirse de hambre. Entonces, ¿no son posibles las reparaciones sin que pese tanto el precio de la mano de obra?. Yo creo que sí, serían posibles. Pero, de nuevo, la solución está en el diseño. Los diseñadores (generalmente al servicio de los fabricantes o empleados suyos) podrían simplificar los montajes de los aparatos para que su reparación fuera rápida. Mucho tiempo del técnico reparador se va en aflojar y apretar tornillos, desmontar paneles y salvar las mil y una trampas que el fabricante ha puesto para poder acceder al interior del aparato.
Generalmente los diseñadores ponen todas esas trabas de acceso al interior de los aparatos para que los propios usuarios no se atrevan a repararse ellos las averías más sencillas y tengan que recurrir al SAT o desechar el producto y comprar uno nuevo. Pero obtienen, además, el beneficio añadido de que muchas reparaciones llevan tanto tiempo extra que, por el precio, disuaden al usuario de encargar la reparación.
Con estas estrategias capitalistas, nos han metido en el engranaje de "usar y tirar": ya no hay beneficio en reparar. Como mucho, nos lavan la conciencia de culpabilidad por el excesivo consumismo animándonos a que desechemos los aparatos en los llamados "Puntos Verdes" donde se llevaran a desmontar y reciclar. (Dicho lo cual, añado que soy un ferviente defensor de que los aparatos sin reparación se lleven a estos Puntos Verdes para evitar que acaben en el campo agrediendo al paisaje y al medioambiente con los productos contaminantes que contienen: plásticos, cobre, metales pesados, etc.).
Todo esto tiene importantes consecuencias para la vida diaria de millones de personas: una parte importante de sus ingresos debe dedicarse a comprar nuevos artículos que no harían falta si se hubieran diseñado y fabricado adecuadamente los anteriores. Esto, de alguna manera, empobrece a la mayoría de la población (aunque muchos no sean conscientes porque pueden afrontar ese gasto extra) y enriquece a la minoría dueña de las empresas fabricantes.
Además, el recambio de los productos con mayor frecuencia obliga a una mayor explotación de los recursos naturales en otras partes del mundo: minas, bosques, mares, energía, etc. con lo que esto supone además de destrucciones forestales secundarias (construcción de carreteras, poblados para los trabajadores de las minas, etc.). La mayor parte de los mejores recursos naturales se encuentran en países pobres o deprimidos lo que, en muchos casos, conduce también a guerras por el dominio de los recursos (África está plagada de ejemplos) con el desplazamiento, empobrecimiento y/o muerte de millones de afectados, generalmente civiles.
Así que, cada vez que estemos tentados de 'cambiar de móvil' o de cualquier otro artículo, reflexionemos un poco y decidamos si realmente necesitamos cambiarlo (por las nuevas funcionalidades, porque el nuestro no tiene reparación, etc.) o lo hacemos movidos por la moda, por presumir ante las amistades, porque 'nos sale casi gratis' ya que la operadora de telefonía nos lo regala (es falso, nada sale gratis ni casi gratis), etc. ya que esa aparentemente pequeña decisión puede afectar a la vida y muerte de personas concretas más allá del océano... No es broma ni para tomárselo a broma. En cada una de nuestras decisiones de compra debe haber una conciencia global y, muchas veces (yo creo que la mayoría), la decisión correcta es la de RECHAZAR la adquisición, incluso cuando parece un regalo ("El que regala bien vende si el que recibe entiende" es un refrán que decía mi madre).
Volviendo a la obsolescencia programada, entonces, ¿en qué consiste?. Puede ser tan sencillo como colocar una pieza de 1 mm de espesor cuando haría falta una de 2 mm. Otro ejemplo: cambiar piezas metálicas (que son más resistentes) por otras de plástico (menos resistentes y más baratas). Seguro que hay millones de ejemplos, pero estos nos dan una idea de cómo se puede hacer que un aparato dure bastante menos de lo que podría durar.
Quiero añadir aquí una noticia que he copiado de Yahoo Noticias - Cuaderno de Ciencias ya que contiene un ejemplo que puede abrirnos un poco más los ojos sobre la obsolescencia programada:
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La bombilla de Livermore cumple 110 años encendida
Por Javier Peláez
Cuaderno de Ciencias – jue, 23 jun 2011
La bombilla record
En la estación de bomberos de Livermore, cada 18 de junio celebran una fiesta muy especial: el cumpleaños de una bombilla. Y no es que los vecinos de esta localidad de California se hayan vuelto locos, lo cierto es que se trata de una bombilla bastante especial.
Se encendió por primera vez en el año 1901 y desde entonces sigue funcionando sin haberse apagado ni una sola vez. Algo más de 110 años que la han hecho entrar en el Record Guinness como la bombilla más resistente y duradera de la historia.
Además, este prodigio de la ingeniería del recién estrenado siglo XX ha soportado con éxito varias mudanzas, algunos cortes de suministro, varios terremotos (incluido el gran terremoto de San Francisco en 1906), y aun así ha continuado encendida como si nada...
En 1901, Dennis Bernal, un empresario pionero y su empresa eléctrica, Livermore Power and Light Co., instaló esta bombilla como luz nocturna en un antiguo garaje que servía tanto de comisaría de policía como de estación de bomberos. De su lugar original hasta el que hoy ocupa, han pasado ya 110 años, y la bombilla se ha trasladado varias veces de instalaciones hasta situarse definitivamente en la Estación Uno de bomberos de Livermore.
La célebre bombilla de Livermore se diferencia de una bombilla moderna en que su filamento es aproximadamente ocho veces más grueso que los actuales y además se trata de un semiconductor, probablemente hecho de carbono. Aun así, el hecho de que la bombilla siga funcionando sin problemas después de tantos años es un motivo de sorpresa para muchos, incluido un equipo de físicos de la propia Academia Naval de EE.UU. en Annapolis, Maryland, que está estudiando la bombilla para comprender su funcionamiento y mejorar las actuales.
La bombilla milagrosa tiene su propia página web en la que existe una cámara web fija que vigila que la bombilla esté encendida en todo momento. Ironías de la vida moderna, la cámara tiene una vida útil de unos tres o cuatro años, por lo que esta vieja bombilla verá apagarse varias cámaras mientras ella probablemente siga encendida durante algunos años más.
Además de un diseño que falle pronto, se monta todo un sistema de 'asistencia técnica' que disuada al usuario de arreglar los productos: la mano de obra y las piezas de repuesto llevan a que casi cualquier reparación suponga un 50% o más del precio del artículo nuevo. Así, se le enfrenta al consumidor con una disyuntiva artificiosa: ¿será mejor reparar un 'artículo anticuado' o -por un 'poco más'- comprar uno nuevo? Y, al final, acabamos comprando otro nuevo.
Digo 'disyuntiva artificiosa' porque los propios fabricantes han tejido la tela de araña que hace cada vez estemos más atrapados en la red del consumismo, como explicaré a continuación.
Lo de 'artículo anticuado' lo he puesto entre comillas porque es lo que nos hacen pensar los fabricantes y sus terminales mediáticos. Para ello, sacan constantemente nuevos modelos asegurando que tienen prestaciones de las que carecen los anteriores ('prestaciones' que nunca usaremos ni notaremos).
Si buscamos nuestra lavadora (o lo que sea) en internet, veremos que a los pocos meses de comprada es un producto descatalogado, ya no se fabrica. Con suerte, encontraremos un modelo que hace referencia al nuestro, pero distinto porque le habrán añadido unas letras que hagan pensar al comprador que es un modelo mejorado (p.ej. una "E" de "ecológico", etc.).
'Por un poco más...' es una expresión que todos hemos dicho u oído alguna vez referida a la reposición de un producto averiado. Ese 'poco más' es -a menudo- casi el 50% del valor del nuevo (sin olvidar que las reparaciones están sobrevaloradas en el precio). Y caemos en la tentación de comprar uno nuevo.
Respecto a las reparaciones, hay que reconocer que cualquier técnico tiene derecho a que su tiempo se remunere adecuadamente con respecto al nivel de vida de la sociedad donde vive. En otras palabras, que dedicarse a reparar, digamos, electrodomésticos no sea un trabajo para morirse de hambre. Entonces, ¿no son posibles las reparaciones sin que pese tanto el precio de la mano de obra?. Yo creo que sí, serían posibles. Pero, de nuevo, la solución está en el diseño. Los diseñadores (generalmente al servicio de los fabricantes o empleados suyos) podrían simplificar los montajes de los aparatos para que su reparación fuera rápida. Mucho tiempo del técnico reparador se va en aflojar y apretar tornillos, desmontar paneles y salvar las mil y una trampas que el fabricante ha puesto para poder acceder al interior del aparato.
Generalmente los diseñadores ponen todas esas trabas de acceso al interior de los aparatos para que los propios usuarios no se atrevan a repararse ellos las averías más sencillas y tengan que recurrir al SAT o desechar el producto y comprar uno nuevo. Pero obtienen, además, el beneficio añadido de que muchas reparaciones llevan tanto tiempo extra que, por el precio, disuaden al usuario de encargar la reparación.
Con estas estrategias capitalistas, nos han metido en el engranaje de "usar y tirar": ya no hay beneficio en reparar. Como mucho, nos lavan la conciencia de culpabilidad por el excesivo consumismo animándonos a que desechemos los aparatos en los llamados "Puntos Verdes" donde se llevaran a desmontar y reciclar. (Dicho lo cual, añado que soy un ferviente defensor de que los aparatos sin reparación se lleven a estos Puntos Verdes para evitar que acaben en el campo agrediendo al paisaje y al medioambiente con los productos contaminantes que contienen: plásticos, cobre, metales pesados, etc.).
Todo esto tiene importantes consecuencias para la vida diaria de millones de personas: una parte importante de sus ingresos debe dedicarse a comprar nuevos artículos que no harían falta si se hubieran diseñado y fabricado adecuadamente los anteriores. Esto, de alguna manera, empobrece a la mayoría de la población (aunque muchos no sean conscientes porque pueden afrontar ese gasto extra) y enriquece a la minoría dueña de las empresas fabricantes.
Además, el recambio de los productos con mayor frecuencia obliga a una mayor explotación de los recursos naturales en otras partes del mundo: minas, bosques, mares, energía, etc. con lo que esto supone además de destrucciones forestales secundarias (construcción de carreteras, poblados para los trabajadores de las minas, etc.). La mayor parte de los mejores recursos naturales se encuentran en países pobres o deprimidos lo que, en muchos casos, conduce también a guerras por el dominio de los recursos (África está plagada de ejemplos) con el desplazamiento, empobrecimiento y/o muerte de millones de afectados, generalmente civiles.
Así que, cada vez que estemos tentados de 'cambiar de móvil' o de cualquier otro artículo, reflexionemos un poco y decidamos si realmente necesitamos cambiarlo (por las nuevas funcionalidades, porque el nuestro no tiene reparación, etc.) o lo hacemos movidos por la moda, por presumir ante las amistades, porque 'nos sale casi gratis' ya que la operadora de telefonía nos lo regala (es falso, nada sale gratis ni casi gratis), etc. ya que esa aparentemente pequeña decisión puede afectar a la vida y muerte de personas concretas más allá del océano... No es broma ni para tomárselo a broma. En cada una de nuestras decisiones de compra debe haber una conciencia global y, muchas veces (yo creo que la mayoría), la decisión correcta es la de RECHAZAR la adquisición, incluso cuando parece un regalo ("El que regala bien vende si el que recibe entiende" es un refrán que decía mi madre).
Volviendo a la obsolescencia programada, entonces, ¿en qué consiste?. Puede ser tan sencillo como colocar una pieza de 1 mm de espesor cuando haría falta una de 2 mm. Otro ejemplo: cambiar piezas metálicas (que son más resistentes) por otras de plástico (menos resistentes y más baratas). Seguro que hay millones de ejemplos, pero estos nos dan una idea de cómo se puede hacer que un aparato dure bastante menos de lo que podría durar.
Quiero añadir aquí una noticia que he copiado de Yahoo Noticias - Cuaderno de Ciencias ya que contiene un ejemplo que puede abrirnos un poco más los ojos sobre la obsolescencia programada:
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La bombilla de Livermore cumple 110 años encendida
Por Javier Peláez
Cuaderno de Ciencias – jue, 23 jun 2011
La bombilla record
En la estación de bomberos de Livermore, cada 18 de junio celebran una fiesta muy especial: el cumpleaños de una bombilla. Y no es que los vecinos de esta localidad de California se hayan vuelto locos, lo cierto es que se trata de una bombilla bastante especial.
Se encendió por primera vez en el año 1901 y desde entonces sigue funcionando sin haberse apagado ni una sola vez. Algo más de 110 años que la han hecho entrar en el Record Guinness como la bombilla más resistente y duradera de la historia.
Además, este prodigio de la ingeniería del recién estrenado siglo XX ha soportado con éxito varias mudanzas, algunos cortes de suministro, varios terremotos (incluido el gran terremoto de San Francisco en 1906), y aun así ha continuado encendida como si nada...
En 1901, Dennis Bernal, un empresario pionero y su empresa eléctrica, Livermore Power and Light Co., instaló esta bombilla como luz nocturna en un antiguo garaje que servía tanto de comisaría de policía como de estación de bomberos. De su lugar original hasta el que hoy ocupa, han pasado ya 110 años, y la bombilla se ha trasladado varias veces de instalaciones hasta situarse definitivamente en la Estación Uno de bomberos de Livermore.
La célebre bombilla de Livermore se diferencia de una bombilla moderna en que su filamento es aproximadamente ocho veces más grueso que los actuales y además se trata de un semiconductor, probablemente hecho de carbono. Aun así, el hecho de que la bombilla siga funcionando sin problemas después de tantos años es un motivo de sorpresa para muchos, incluido un equipo de físicos de la propia Academia Naval de EE.UU. en Annapolis, Maryland, que está estudiando la bombilla para comprender su funcionamiento y mejorar las actuales.
La bombilla milagrosa tiene su propia página web en la que existe una cámara web fija que vigila que la bombilla esté encendida en todo momento. Ironías de la vida moderna, la cámara tiene una vida útil de unos tres o cuatro años, por lo que esta vieja bombilla verá apagarse varias cámaras mientras ella probablemente siga encendida durante algunos años más.
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Obsolescencia Programada,
trucos de las compañías
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